lunes, 9 de abril de 2012

Cuajada de biscuit

Cuando salgo a comer me cuesta mucho resistirme a un postre, a algo dulce. A veces, después del aperitivo y la comida, un postre, por poco rotundo que sea, resulta un colofón excesivo. Por eso, agradezco cuando en las cartas o menús se incluyen postres ligeros, dulces, sí,  pero no empalagosos.
Un ejemplo: esta cuajada de biscuit. Yo la llamo cuajada, porque es más densa que un flan o unas natillas, pero sin resultar pesada. Además, tiene una textura bastante más ligera que la de la cuajada tradicional y resulta muy suave. Y tiene galletas, de las clásicas, las que más me gustan.
Un pequeño dulce final.

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