miércoles, 14 de marzo de 2012

Con dulce gusto

Los bizcochos y tartas dulces fueron de las primeras cosas que, tanto mi hermano como yo, aprendimos a cocinar con mi madre. Quizá por eso acumulo recetas, practico unas y otras, he ido creciendo con ellas y ellas también han evolucionado conmigo, con variaciones en los tiempos de cocción y en los ingredientes, para sorprenderme con nuevos resultados.
La cocina es el sabor de la memoria.
Los dulces forman parte de las tardes de invierno, el chocolate caliente con bastoncitos de pan de leche o trocitos de bizcocho; las torrijas con el pan sobrante de días atrás; las tardes de sábado en que preparábamos el hojaldre, lo extendíamos con el rodillo, cortábamos en finas láminas la manzana y esperábamos, observando continuamente el horno, para sacar una deliciosa tarta de manzana, de la que dábamos buena cuenta, apenas pasado un rato, ya que mi madre no nos permitía comerla tan caliente.
Los dulces también son parte esencial de la memoria estival: los cuencos de leche helada de postre, en los que me afanaba hincando la cucharilla, para ir deshaciendo y mezclando con un poco de café también helado o el pastel de crema y café… qué prisas había que darse al mojar las galletas en el café, procurando que no se deshiciesen.
Los postres son exigentes. Obligan a ser cuidadoso y milimétrico con las cantidades; exigen paciencia y concentración. Los postres obligan a ser metódico en cada uno de los pasos: si hay huevos, batir las claras a punto de nieve; envolver las mezclas con cuidado, controlar la temperatura del horno, controlar el punto de congelación, conseguir una crema sedosa y elegir una buena decoración, son trabajos que siempre me han parecido concienzudos. De eso que se definía en el colegio como “alumno aplicado”.
Y con todo eso, los postres forman parte esencial del juego de la cocina.
Si no tienes tiempo para elaborar la tarta de cumpleaños de tus hijos; si te gustan los desayunos sanos con panes reposados con el tiempo necesario, bizcochos y magdalenas caseros; si te gusta regalarte el paladar con deliciosas galletas o pequeños dulces, te ofrecemos un surtido mimado, casero y con productos naturales.
Los panes los elaboramos con harina integral de espelta o de trigo, con harina de centeno (o harina integral de maíz y de arroz si hay alergias al gluten); utilizamos azúcar integral de caña y miel, leche de vaca (o de cabra si hay alergias) y yogures, huevos frescos de buena calidad, frutas frescas de temporada y mermeladas caseras.
¿Te animas a probar y disfrutar de estas propuestas?

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